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Palomo y el nido

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Todos los pájaros tienen un nido como es debido, excepto el palomo, que en vez de un nido tienen una construcción extraña y fea. Nos es todo un misterio que los huevos no se caigan al suelo cunado el nido se balancea con el viento.

Si queréis saber por qué los hacen así, escuchad.

Palomo y el nido

Hace mucho tiempo, el palomo no se construía ningún nido. Cuando llegaba la primavera, la mamá paloma se sentaba en el suelo y ponía los huevos allí. Pero entonces, un buen día, un zorro se acercó poquito a poquito y sin hacer ningún ruido y robó los huevos. Los padres palomas lloraron mucho y el palomo voló hacia la copa de una zarza y gimió lamentándose:

“Teníamos dos preciosos huevos y solo nos ha dejado con el recuerdo, ese zorro. ¡Nos ha robado nuestros huevos, nos ha robado nuestros hijos!”

El palomo lloraba y lloraba, se quejaba, gemía y se arrepintió de no haber construido un nido. Fue a buscar ramitas, pero no sabía cómo colocarlas para construir su nido. Hizo un llamamiento a todos los pájaros del bosque para que le enseñasen como cumplir esta tarea tan complicada. Los pájaros acudieron a él inmediatamente y empezaron a crear un nido. Cuando habían unido tan solo una ramita con otra, el palomo ya empezó a quejarse:

“¡Basta, basta! ¡Ya sé hacerlo yo solito, ya sé hacerlo!”

Y los pájaros les contestaron: “¡Ah, pues si ya sabes construirte tu nido, no tenemos por qué seguir haciendo tu trabajo!” Los pájaros dejaron caer las ramas al suelo y se fueron volando.

El palomo daba vueltas y vueltas encima del árbol, colocaba una ramita aquí, otra allí, pero todas se caían al suelo, una detrás de otra, y el palomo no y no fue capaz de hacer su nido. ¿Qué podía hacer? Tuvo que volver a llamar a los pájaros. Y volvieron a venir y enseguida se pusieron a trabajar duro. Pero cuando ya tenían hecha la mitad del nido, el palomo volvió a ponerse a gritar:

“¡Basta! ¡Ahora sí que ya sé hacerlo!”

“Vale, si ya sabes hacerlo, háztelo tu solito.” Y los pájaros se fueron volando.

El palomo lo volvió a intentar. Empujaba una ramita por aquí, otra por allí, pero el nido, no consiguió construirlo. Y llamó a los pájaros por tercera vez. Pero los pájaros ya no vinieron. Ya no querían intentar enseñar nada a alguien que se cree que ya lo sabe hacer todo.

El nido del palomo nunca se terminó de construir. Y desde entonces el palomo y su mujer paloma viven en ese nido a medio hacer y lleno de agujeros.

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