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La excursión de Phineas

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Sábado pasado, durante la exhibición, pasé un muy mal rato.

Mi hija Anna se fue al Barcelona Beach Festival y mi hijo Lukas estaba dos semanas de vacaciones en los Alpes Suizos, es decir que tuvimos que hacer la exhibición Eloi y yo solos. Hasta aquí todo bien: es más estresante para nosotros, pues tenemos que correr para arriba y para abajo con los pájaros y los mamíferos para que nuestros visitantes tengan una experiencia fluida. Pero el problema surgió cuando era el turno de nuestro cuervo Phineas.

Phineas flies away

La excursión de Phineas

Nuestros visitantes llevaban un parasol muy grande, y cuando Phineas vio aquél monstruo, ¡decidió irse volando! Evidentemente pedí de inmediato a los visitantes que por favor cerraran el parasol, pero el daño ya estaba hecho. Y Phineas volaba de forma espectacular: arriba y arriba, aprovechando las corrientes de aire caliente. Con cada vuelta que daba, su silueta se hacía más y más pequeña en el cielo azul. Estaba desesperada: ya estaba a unos 150 m por encima nuestro y no daba señales de querer volver con nosotros. “¡Lo voy a perder! Debería haber pasado más tiempo con él, gratándole el cuello como tanto le gusta, debería haberle demostrado que realmente me importa su compañía, crear un vínculo más fuerte entre nosotros; ahora no estaría abandonándome:” me pasó por la cabeza. “Ay, por Dios, se va.”

Egyptian vulture appears

Pero entonces apareció nuestro vecino de la nada: un alimoche salvaje que cada año cría en los acantilados justo detrás de nuestro parque. Y no le gustaba nada lo hábil que es Phineas volando. “¿Crees que puedes volar justo delante de mi nido? ¡Tenemos una pequeña cría que está a punto de hacer su primer vuelo! ¡No te queremos aquí!”

Pero nuestro Phineas no entendió nada. Como que ha pasado toda su vida en la protectora presencia de los humanos, no reconoció el estado de ánimo agresivo del papá buitre cuando éste se colocó encima suyo como advertencia. Y entonces empezó: el buitre fue haciendo pasadas por encima de Phineas para obligarle a descender. Pero incluso entonces Phineas aún no entendía qué quería decirle el buitre, y siguió volando como queriendo decir: “Hola compañero, ¿qué te pasa? ¡Si yo solo estoy volando y volando y disfrutando, y puede que no vuelva al zoo porqué estoy disfrutando taaaaaanto aquí arriba…!”

Phineas lands on my hand

Finalmente, el buitre se enfadó mucho y empezó a atacar de verdad a Phineas. Nuestros visitantes tuvieron el privilegio de ver estos momentos tan dramáticos, y Phineas al final comprendió: “¡¡¡No soy bienvenido aquí, es peligroso!!! ¡Tengo que volver rápidamente con Stania! Ella me protegerá.” Y en cuestión de segundos, Phineas aterrizó con su magnífico estilo en mi guante, deslumbrando a nuestros visitantes con sus plumas negras y brillantes, y le pudieron dar de comer como hacemos cada día en las exhibiciones.

Por suerte, Phineas no se hizo daño alguno en su excursión llena de aventuras, y esperamos que haya aprendido la lección, ¡ya que los cuervos son animales muy inteligentes! Y nosotros también hemos aprendido la lección: no podemos tener parasoles enormes en el anfiteatro mientras Phineas esté volando.

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