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Anna

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Anna on the beach

Hola, soy Anna y me encargo de las relaciones públicas del Zoo de los Pirineos. También trabajo en el parque durante el verano, haciendo la actividad del Toca-toca y a veces también participo en las exhibiciones. Me encargo de gestionar el Facebook y el Instagram de nuestro proyecto familiar, y de traducir los textos para la página web; de este modo me preparo para mi futuro como traductora.

Lo que más me importa es que nuestros animales estén contentos con la vida que les facilitamos, y que nuestros visitantes se sientan como en casa con nosotros.

 

Anna con los patos

Nací en Alemania, en un pequeño pueblo cerca de Hamburgo. Desde pequeña ya me encantan los animales: todos los años, mis padres me regalaban huevos de patos, que incubábamos en casa. Cuando nacían los patitos, yo les hacía de mamá, y me seguían en fila a donde yo fuera. Mis excursiones favoritas eran al lago que estaba al lado de casa, donde los miraba mientras ellos se bañaban. En otoño, cuando ya eran mayores, se iban con los grandes grupos de patos que migraban a lugares más cálidos. Me ponía triste cada año, pero también era feliz porqué sabía que les esperaba una buena vida salvaje.

 

 

Anna i falcó

Mis padres llevaban una empresa de cría de halcones, y recuerdo que cada primavera, cuando nacían lo pequeños halcones, ayudaba a darles de comer. Los teníamos dentro de casa, y por la mañana cuando desayunábamos nos saludaban y también pedían el desayuno. Me encantaba verlos crecer y convertirse de unos pequeños polluelos blancos y bastante feos en unos grandes, nobles y preciosos halcones; como crecen tan rápido, los cambios se podían ver a diario. No tenía miedo de su pico ni sus garras, y los acariciaba si estaban enfermos y les hacía compañía hasta que volvían a estar fuertes.
Mis dos hermanos, Martin y Lukas, son un pilar fundamental en mi vida. Aunque de pequeños teníamos las típicas peleas de hermanos, crecer en una familia diferente y en medio de las montañas nos ha hecho muy independientes y nos ha unido mucho como familia y también como amigos, y es precioso saber que nos tenemos los unos a los otros, que siempre nos ayudamos y apoyamos cuando lo necesitamos.

Anna montó cavalls desde 3 anysCon tres años me regalaron un pony, Teresa. Era muy feliz, siempre me habían apasionado los caballos, y desde aquél día tenía claro que seguiría montando siempre que pudiese. Aprendí a montar a base de caídas; siempre que caía volvía a subirme enseguida, jamás perdía la esperanza y no dejaba que el miedo me tirara atrás. Mi padre siempre me ha dado todo su apoyo con los caballos, pues como su pasión son los halcones, la mía son los caballos y entiende mis sentimientos hacia ellos. Gracias a eso he podido entrenar con grandes profesores y hasta fui un verano a Alemania a competir. De cada profesor me he quedado con lo mejor, intentando valorar las reacciones de los animales con cada cosa nueva que aprendía y decidía qué les hacía justicia y qué trato no me parecía correcto.

 

Anna competió en salt amb cavalls

A medida que iba creciendo, tuvimos que sustituir al pony por uno de más grande (Elisabeth), después tuve un caballo árabe (Shrek) y finalmente conseguí mis dos yeguas de competición (Garcia y Sunshine), con las que llegué a competir, y con muy buenos resultados. Pero no solo me hacían sentir grande en las competiciones, sino que también me hacían sentir bien; tenemos un vínculo excepcional. Por mala suerte, en 2014 me rompí la pierna montando y desde entonces lo dejé; en un futuro volveré a hacerlo, pero de momento no me es posible.

En verano del 2006 nos mudamos todos aquí, al Pre pirineo catalán. Me encantó, tenía mis caballos i salíamos a explorar los caminos de los alrededores de nuestra casa en familia. Me sentía libre. Fui a una escuela rural, donde éramos 9 niños en total, y en menos de un año aprendí a hablar catalán, tenía algunos amigos y una casa genial en medio de la naturaleza.

Anna con sus amigos de Solsona

El tiempo pasó y cambié de escuela. Me impactó mucho la cantidad de niños que había allí; me agobié al principio, no estaba acostumbrada a tantas personas juntas. Pero con el tiempo sentí que más o menos encajaba, que tenía mi grupo de amigos con los que siempre podía contar, y tenía mis caballos, que me hacían terapia siempre cuando lo necesitaba.

Después del bachillerato empecé la universidad, donde estudio Traducción e Interpretación. Fue el principio de una nueva gran etapa de mi vida. Irme de casa y espabilar un poco, aunque sé que siempre tengo a mi familia, que me apoya en todo. Son unos años geniales, el primer amor, los amigos que se quedan toda la vida… tal y como me había explicado mi padre. Ya solo por esto vale la pena seguir adelante, aunque a veces pasan cosas inesperadas y se haga duro.

Anna and a barnowl

Mientras tanto empezó a funcionar el proyecto del Zoo de los Pirineos. Al principio no me gustaba la idea; no quería compartir mi casa con nadie más. Pero también me adapté a este cambio y encontré una pasión en ello. Los animales siempre me sacan una sonrisa, con su tranquilidad hacen que nos calmemos nosotros también y esta sensación no tiene precio. También las personas que vienen y valoran nuestra faena y nos felicitan hacen que vea nuestro proyecto familiar como una cosa muy especial.

Después de una semana intensa estudiando en la universidad, o de sentirme mal por los problemas que todos tenemos en la vida, volver a este rincón tranquilo perdido en las montañas es muy gratificante, y espero que todos los que nos vengan a visitar sientan lo mismo.

Os espero en el Zoo de los Pirineos.

Besos,

Anna Kuspert

Repsonder

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